La moraleja del sándwich de mermelada: el poder de las redes de negocio

Sandwich de mermelada

Por: Jesús Eduardo Gómez Navarro

Era la primera vez que salía de viaje con amigos para una estancia larga. Estaba estudiando la universidad y decidimos aprovechar un verano para arrojarnos a la aventura y nuevas experiencias. No sabía yo hasta ese momento, lo que implicaba convivir por “mucho” tiempo con alguien que no fuera mi familia. Suponía que la forma de conducirme y guiarme en mi “nueva casa temporal” sería la que conocía y había aprendido, forma que no había cuestionado nunca ni me había dado cuenta de que podía causar conflicto a otros. Esperaba que con el respeto y prudencia que uno tiene con los demás y cuando va de visita a otro lugar, era suficiente para mantener armonía. No sabía que había espacio para levantar la voz y proponer, establecer o ajustar reglas o normas, ya que siempre donde me encontraba o iba, estaban aseguradas y no se cuestionaban, se seguían. No tenía presente también que me limitaba en muchos aspectos ya que había avanzado en un espacio seguro donde al parecer no era necesario más de lo que se me procuraba.

Justo aquí hago presente lo que llamo la moraleja del sándwich de mermelada que hoy te comparto y que le encuentro mucho sentido para hablar del poder de las redes de negocio. Aprendí en casa, que los sándwiches de mermelada se preparaban con sus dos piezas de pan, y con una porción exacta de mermelada que distribuyes con un cuchillo a través de toda la superficie de los panes. Así los conocí, así los comí, así me parecían lo más genial y práctico del mundo.

Justo después de considerar el pan y la mermelada en las primeras compras con mis nuevos compañeros de casa, llego el momento durante una tarde, junto con uno de mis roomies de disfrutar el manjar. Recuerdo hacer lo mismo que hacía en casa, tome mis dos piezas de pan (le paso a mi amigo el resto para que tome su parte) abro la mermelada dándole golpecitos a la tapa antes de abrir (era el secreto que con gusto y orgulloso compartía al mundo y que había aprendido de mamá) tomé el cuchillo y embarré de manera perfecta los panes. En ese momento pensé que era ya todo un adulto independiente. Mientras daba mordidas a uno de mis snacks preferidos, observé la preparación de mi compañero. Había utilizado no dos, si no tres piezas de pan y la porción de mermelada para las mismas era muy superior a lo que había aprendido utilizar. Quedé atónito. No lo podía creer. Sin más, exclamé: -Pero ¿Qué estás haciendo? ¿Qué clase absurda de sándwich de mermelada preparaste? ¿Qué brujería es esa? Mi amigo sin reparo me dice: – ¿Nunca los has probado así? Me daba pena confesar que no, pero era evidente y la verdad no sabía si lo quería probar. – Anda, prueba este. Yo me hago otro. En ese momento tomé el sándwich, desafiaba todas las leyes antes conocidas por mí, la distribución de panes se rompía, la mermelada se desbordaba. Era una locura. Sin más, decidí morder ese emparedado tan extraño en mis manos. Lo que consideraba lo más práctico y genial del mundo alcanzaba ahora niveles nunca antes pensados por mí. Me encantó, sonreí. Mi amigo me vió y sonreía también (claramente había superado mi secreto de los golpecitos a la tapa del bote de mermelada) Había conocido “El (verdadero) sándwich de mermelada” No lo podía creer. ¿Por qué nunca había intentado esto? ¿Por qué mis papás me habían limitado? ¿Por qué no me dijeron que había más que podía servirme así? ¿Por qué yo nunca lo pensé? ¿Por qué no tuve el atrevimiento? ¿Qué más me he estado perdiendo? Llegó nuestro otro compañero y le platiqué la experiencia con gran asombro. Me escuchó, lo tomó con calma. Como si supiera lo que pasaba y me preguntó: – ¿No lo has probado con crema de cacahuate? Me asusté, pensé que estaba bromeando. Sabía que existía esa aberración de alimento y que para algunos era agradable y lo respetaba. Pero ¿Sugerir incluirlo en el sándwich de mermelada? Tenía que ser una broma. Lo preparamos, ahí estaba ese nuevo y extraño sándwich de tres pisos con mermelada y crema de cacahuate. Lo dividimos. Lo probamos. Nos vimos y sabíamos que habíamos encontrado juntos el monchis perfecto de nuestro nuevo hogar. Sugerí establecer el “día del sándwich de mermelada” todos los jueves después de las actividades del día para platicar y despejarnos.

La moraleja del sándwich de mermelada me hace pensar en el antiguo refrán que dice “dos cabezas piensan mejor que una” y creo que lo valida un poco. Es sabido que la colaboración promueve el pensamiento, favorece los conocimientos y el logro de resultados, a través de la socialización. Por ello, lo relaciono con las redes de negocio y hago presente que abrirse a las mismas es clave para emprendedores y empresarios ya que la colaboración que se da en estos espacios de manera constante llevará sin duda al progreso de sus destrezas que a su vez se reflejará en ventas y crecimiento de la empresa. El valor que tiene el trabajo colaborativo responde a un modelo de aprendizaje que pone el acento en la interacción y la construcción colectiva. De ahí que las redes de negocio además de ser una gran plataforma para el impulso de las empresas resulta ser una excelente estrategia para lograr afianzar aún más la responsabilidad, la autonomía y el compromiso de los miembros (tomando en cuenta la parte humana). Además, consideremos que, en estos grupos, los objetivos son autoimpuestos teniendo mejores resultados que siguiendo objetivos dados desde el exterior. El impacto en la experiencia de los miembros de una red es enorme ya que aprender de otras personas y trabajar junto con ellas abre oportunidades diversas y tal vez no pensadas antes. Se fomenta el liderazgo, la creatividad y el mantenimiento de un clima de respeto y valoración de las diferencias; habilidades fundamentales en el entorno competitivo actual.

El poder de las redes de negocio es claro y sin duda debería considerarse en nuestras estrategias. Sería buenísimo que, como yo y mis compañeros de viaje, descubras y encuentres un “nuevo sándwich de mermelada” u otras oportunidades para ti y tu negocio, participando en redes. Hoy existen espacios diferentes de redes, unos mejores que otros, y debería importante, cuando decidas participar en ellos, que impulsen justamente el trabajo colaborativo para que realmente se obtengan los resultados esperados (amigo date cuenta que no solo se trata de ti, de ir a vender y compartir tarjetas de presentación). En Fundación ProEmpleo León participo en el proyecto “ProRed” que es una propuesta interesante de red de negocio que trabaja desde 2017 y cuyo enfoque principal es la parte humana y la estratégica. Te invito a conocerla, así como explorar también otros tantos espacios similares, ya que estoy seguro de que te ayudarán a impulsarte a otros niveles.